BRASIL ES EL LÍDER REGIONAL EN NÚMERO DE CENTROS DE DATOS Foto:EL TIEMPO
Ricaurte, quien en 2025 fue nombrada por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo en IA, habló en entrevista sobre el impacto de la industria tecnológica en la geopolítica y la sociedad.
El debate hoy ya no gira en torno a qué impacto pueden tener las nuevas tecnologías en el mundo, sino a cómo lo están configurando. En la actualidad hay una guerra geopolítica que también atraviesa la dimensión tecnológica, en particular relacionada con la IA. Occidente está en este momento muy fracturado, en una posición de crisis, también en los intentos por controlar la cadena de valor de la IA.
Las políticas estadounidenses de los últimos años van encaminadas a lograr ese control e impulsar medidas para fomentar la industria propia, para imponer su infraestructura tecnológica en el resto del mundo. En cuanto a Europa, está viendo amenazada su soberanía frente a Estados Unidos y quieren responder de alguna forma.
LEA TAMBIÉN

¿Y qué papel juegan el resto de regiones en la geopolítica de la IA?
Una vez que una infraestructura tecnológica se impone en un territorio, es posible ejercer presión, tanto física como simbólica. Las regiones que somos fundamentales en la cadena de valor de la IA, pero que no la controlamos, como le ocurre a América Latina, tenemos muchos desafíos por delante. En particular, aquellos que tienen que ver con cómo nosotros, sabiendo que estamos en una posición subordinada, podemos generar contrapesos para dejar de ser simples proveedores de recursos naturales, de datos o de fuerza de trabajo, como hemos sido históricamente.
¿Está América Latina generando esos contrapesos?
Al estar tan fragmentada en términos políticos, América Latina no ha sido capaz de responder con una visión y una estrategia regionales sobre la IA que permitan generar contrapesos en términos comerciales y negociar mejores condiciones para nuestra inserción en ese mercado. En lugar de eso, lo que han hecho muchos gobiernos ha sido responder de manera pasiva. O, aún peor, muchos han respondido proactivamente en favor de la visión que favorece a las compañías estadounidenses. Esto ha permitido una regulación, o una falta de regulación, que les permite a las compañías desplegarse e instalarse, con los máximos beneficios, sin necesidad de retribuir a los territorios donde se están instalando.
LEA TAMBIÉN

¿Qué pasa entonces si algo falla en la cadena de valor de la IA?
Si la seguridad o la capacidad operativa de un gobierno está a expensas de una empresa extranjera que le provee software y hardware, conectividad, no puede reaccionar ante un fallo y puede perder el acceso a información crucial para poder gobernar. Controlar la infraestructura no es solamente una cuestión económica: afecta a la política de un país y, en última instancia, a los procesos democráticos.
Países como México están viviendo un auge de centros de datos impulsado, sobre todo, por la IA, que está atrayendo inversiones masivas. ¿Qué impacto tiene eso para un país?
Si observamos las políticas de los países con centros de datos, como México o Brasil, normalmente se invita a la inversión extranjera, se les ofrece exención o reducción de impuestos y tierras. Paradójicamente, a las grandes corporaciones no se les exigen ni evaluaciones de impacto ambiental, ni transparencia ni que contraten personas del país para contribuir a las economías locales donde se instalan los centros de datos. Eso hace que, de alguna manera, los ciudadanos estemos pagando los costos del desarrollo de la IA con nuestros datos y nuestras tierras, con un impacto en el ambiente y en las comunidades que no deberíamos estar ignorando.
LEA TAMBIÉN

¿Y cuál sería la alternativa?
Podemos encontrar algunas iniciativas que están encaminadas a promover más la soberanía, como cuando Brasil bloqueó a la empresa X, de Elon Musk. Pero son iniciativas aisladas. La cuestión es promover iniciativas más articuladas, desarrollar una política regional que permita mantener una postura en bloque en favor de América Latina, en lugar de beneficiar a Estados Unidos y sus empresas. Se necesita una regulación que exija transparencia y rendición de cuentas a las empresas. Y, por supuesto, que exija también una regulación estricta y una retribución en términos económicos a los territorios. No basta con la inversión que prometen, porque es un dinero que no se queda.
¿Cómo afecta el control de la infraestructura tecnológica global a las políticas sociales de cada país?
Mientras nosotros no tengamos capacidad de gobernanza sobre nuestra infraestructura es imposible tenerla en términos políticos y sociales. La sociedad funciona y opera a través de sistemas tecnológicos, de infraestructuras tecnológicas. Si esas tecnologías no se regulan, entonces los ciudadanos estamos a merced de lo que las corporaciones quieran. Es obligación de los gobiernos ser garantes de los derechos humanos. Y desde la sociedad civil se debe exigir que los gobiernos cumplan con esa función.
LEA TAMBIÉN

Hasta ahora parece que las nuevas tecnologías refuerzan la brecha de desigualdad sistémica…
Así es. Es importante que entendamos que las tecnologías no son solo dispositivos o materiales tangibles (cables, computadoras, centros de datos, software, antenas…): hay también una parte simbólica. Nuestras concepciones de lo que nosotros pensamos o deseamos de la tecnología en general, y de la IA en particular, conforman narrativas acerca del mundo que queremos. La tecnología hegemónica que gobierna hoy lleva incrustada una visión del mundo que no favorece a la mayoría y no la va a favorecer mientras no cambien las lógicas, condiciones y narrativas sobre las que se construye.
¿Qué impacto supone esa tecnología en las poblaciones?
La tecnología de la IA es un arma con una doble cara; al mismo tiempo, un poder duro y uno blando. Vemos en tiempo real cómo se está utilizando la tecnología para ejercer violencia de manera masiva. Y, a la vez, observamos cómo esta tecnología está embebida en todos los procesos productivos y sociales cotidianos. Si se instaura un sistema donde tenemos, por una parte, el control de la violencia física y, por otra parte, el control de la violencia simbólica, se entiende por qué es tan importante para las grandes potencias ganar la batalla de la IA. Más allá de lo que implica en términos económicos, por lo que implica en términos del control social y del control físico de los territorios.
LEA TAMBIÉN

¿Hacia qué modelos deberíamos transitar para que las nuevas tecnologías favorezcan a la mayoría?
Debemos transitar hacia tecnologías que encarnen la posibilidad de vivir sobre el planeta, porque las que tenemos están hechas para destruirlo. Debemos pensar en un mundo donde haya posibilidad de existencia futura para todos, pero también en unas tecnologías que habiliten las condiciones para que eso sea posible y no lo contrario.
ANSDREA J. ARRATIBEL
EDITORA DE THE CONVERSATION*
* The Conversation, organización sin ánimo de lucro que busca compartir ideas y conocimientos académicos con el público. Este artículo es reproducido aquí bajo licencia de Creative Commons y es una versión editada del original por motivos de espacio.
